Comercialización del papel en Argentina: historia de un abuso (de posición dominante)

En estos días, un grupo de editoriales que publican libros infantiles distribuyó un texto con el reclamo sobre el costo del papel ilustración, reclamo que como cámara apoyamos y hacemos nuestro.

Pese a la contundencia y la publicidad de dicho reclamo, los importadores de papel ilustración -insumo principal para la producción de libros infantiles- no se manifestaron públicamente, tampoco lo han hecho funcionarios gubernamentales ligados al sector. Los que sí hablaron fueron directivos de Ledesma y Celulosa Argentina, en una nota periodística en donde desgranan apreciaciones parciales sobre el costo del papel, el abastecimiento y la incidencia de ese costo en la producción de libros.

Por otro lado, Jorge Martínez Falino, director comercial de Celulosa Argentina, tuvo palabras descalificadoras con nuestra cámara: «La CAL siempre busca hacer lío», lo que pretende deslegitimizar cualquier reclamo de los editores PyMes. Además, confunde el Precio de Venta al Público (PVP) con el costo y comparan al papel con un pocillo de café en un bar: «Si los que critican dejan de tomar un café en la esquina, pueden comprar un kilo de papel y hacer dos libros».

Frente a esto, intentamos dar precisiones y alentar al debate sobre la producción de libros en la Argentina y sobre la rentabilidad que hace viable la permanencia de editoriales PyMes, lo que, a su vez, garantiza el acceso a la bibliodiversidad.

1. Papel ilustración: concentración y abuso.

  • Es el papel que se usa mayoritariamente en los libros infantiles que se imprimen a color; también es el papel de las tapas de todos los libros en general.
  • En este momento, el mercado cuenta con muy pocos importadores de papel ilustración (Stenfar, Papeles Europeos y Castinver del Grupo Ledesma, Casa Hutton de Celulosa Argentina).
  • Este oligopolio fija precios altísimos en función de los valores internacionales y los costos de importación. Internacionalmente, la tonelada de papel ilustración se paga en torno a los USD 1500, estas empresas nos lo venden a USD 6000, a quienes pueden acceder a comprarlo directamente y quienes requieren un intermediario más, pagan alrededor de USD 7000.
  • Esto último limita la salida de novedades y la reimpresión de libros, lo que hace que los catálogos de las empresas editoriales PyMes se vean reducidos y, con menor oferta, que la rentabilidad de las empresas sea afectada en forma directa.
  • Por otro lado, los esfuerzos colectivos como sociedad de sostener la importación no pueden ser hechos para que solo unos poquísimos jugadores se beneficien.
  • Además, las celebradas compras estatales de libros, que tan importantes son como políticas de estado para el acceso a la lectura de los jóvenes lectores, está resultando para muchas editoriales infantiles, por la espiralización de los precios, en la terrible paradoja de vender y no obtener ganancia.

2. Papel interior: más abusos de posición dominante.

  • Es el papel en el que se imprimen los libros cuyo interior se imprime en blanco y negro (ficción, no-ficción, poesía, etc.).
  • Hay dos fabricantes, que son los que declararon en la citada nota periodística: Ledesma y Celulosa Argentina.
  • El papel de interior aumentó un 35% en el 2020, es decir, acompañó a la inflación; un 121% en 2021, es decir, la duplicó con creces; y un 155% en 2022, es decir, la superó en un 50%. Para lo que va de 2023, tienen un aumento acumulado de 63%, lo que duplica la inflación general del país. Entonces, es falso que las papeleras «acompañen a la inflación» o que «en 2020 hayan quedado atrasados».
  • Por otro lado, desde fines de 2021 comenzó el desabastecimiento de papel; esto se agravó en 2022. Además, los momentos de desabastecimiento (antes de la Feria del Libro, por ejemplo) coinciden con los momentos en que la industria necesita producir y vienen acompañados de aumentos que el editor tiene que convalidar a riesgo de no tener producción para vender.

3. PVP/costos (que crecen)/rentabilidad (que se achica).

  • Los libros tienen, por ley, un precio fijo y uniforme para todo el territorio del país. De este Precio de Venta al Público (PVP) se detraen los montos brutos percibidos por la cadena comercial y los autores, entre otros; a propósito de esto, publicamos un gráfico (costo PVP).
  • Por esto explicado más arriba, es imposible tomar el PVP como referencia para entender cómo incide el precio del papel, como caprichosamente deciden hacerlo los referentes de las papeleras entrevistados.
  • En el costo material del libro, sobre el que también publicamos un gráfico (costo industrial) está compuesto por papel (54%; esto combina al de interior y al de tapa), impresión (20%), encuadernación (15%), diseño (6%), y edición (5%). Históricamente, el costo del papel giraba en torno al 30%, lo que ha hecho en estos años es casi duplicarse en detrimento de los demás actores de la cadena productiva del libro.
  • Incluso en el equívoco de tomar al PVP como referencia, Ignacio Duelo de Ledesma dice que la incidencia del papel «creció un poquito», pero indica un salto del 75%.
  • También es absurda la comparación de «kilos de papel» con «cafés en la esquina». Por muchos aspectos, pero en especial, cada libro que se produce es único, es decir, implica un trabajo singular del autor, un proceso de edición particular, una corrección, un diseño, etc. Por eso, es inviable en producir «uno o dos ejemplares».
  • Cabe aclarar sobre el costo, que no tomamos en cuenta a los autores porque no son un costo de producción, sino que la forma habitual de remuneración no es sobre una base fija, sino variable, atada a las ventas y al PVP.
  • Por último, lo que notamos desde el 2018 a esta parte es que la rentabilidad del sector editorial se ha visto afectada por los aumentos indiscriminados de la materia prima, lo que implicó una enorme transferencia de recursos de todos los actores de la cadena hacia las papeleras. Una rentabilidad menor de los que intervienen en el proceso del libro hace que la oferta disminuya, que la bibliodiversidad se vea afectada y que el acervo cultural de un país se vea comprometido.

 

Tal vez, sea el momento de debatir con seriedad estos aspectos, sin la liviandad de apreciaciones simplistas. Incluso, si hace falta, puede hacerse café mediante.

Cámara Argentina del Libro